La Nueva Normalidad va mas allá
Había leído por ahí que Walmart ya estaba incorporando los “auto-cobros”
o cajas donde llevas tu mercancía, deslizas los productos y luego ingresas el
dinero o deslizas igual tu “plástico”, pero creí lejano aún, el momento en que
tuviera que hacerlo personalmente.
Pues, bueno hoy fue mi primera experiencia y déjenme decirles
que fue harto grata, muy sencillo el procedimiento y rápido, cualidades muy
apreciadas en estos tiempos “modernos”. En este tipo de tiendas fue mi primera
vez, como dije, sin embargo, no la primera que tengo que ver con este tipo de
procedimientos.
De hecho, recordé el
primer momento que fue ya hace unos
buenos años, tres o cuatro tal vez mas, en un banco, BBVA para ser precisos, donde tenía que hacer un pago a un proveedor y la verdad no tuve gran
dificultad, me adapte rápidamente a esta nueva forma de cobro-pago, no así la
gran mayoría de la gente que tardaba bastante, haciendo la fila muy larga y
lenta, lo que daba una justificación, efímera, a la mayoría de los usuarios de
que “esto no va a funcionar”, pero ha funcionado de hecho ese banco y ya muchos
otros están implementando la apertura de cuentas “digitales” es decir, sin la
asistencia a una sucursal.
Aquella dificultad de muchos usuarios para adaptarse a esta
forma de hacer sus depósitos, trajo a mi mente aquella vieja sentencia transgeneracional
de los padres a sus hijos: “estudiale mi´jito” y el cuento de Asimov, escritor
ya del siglo pasado. Estudiar ya no tanto para asegurar un puesto en el mercado
laboral, cada vez mas incierto como se puede ver con estos sucesos, si no ahora
también para no ser excluido de esta nueva cotidianidad, nueva normalidad le
llamamos, con esto de la pandemia. Por ello la historia de Asimov, porque ahí relata
la forma en que el castigo para un ciudadano ya no era encerrarlo, sino hacerlo
sentir una aversión hacia los medios tecnológicos, lo cual lo orillaba a pedir
ayuda para extraer su dinero de un cajero o rehusar a hacer el movimiento en
una partida en un ajedrez tri-dimensional, a pesar de saber la jugada que podría
llevar a la victoria.
La segunda experiencia y que recibí con beneplácito fue
cuando instalaron las taquillas automáticas en el STC- Metro. Aunque ya las conocía
del metrobús las usaba poco y porque no decirlo les tenía un poco de aversión o
miedo, sin embargo, fue para mi un alivio no tener que recurrir a una mujer
enfurruñada y que la mayoría de las veces te trataba con desdén, para recargar
mi tarjeta. Al contrario, eso fue un aliciente para mí, para dominar el arte de
las recargas en las taquillas automáticas
Es raro como ver que no me incomodan estas nuevas
experiencias, y hasta podría decir que las celebro en lo personal, sin embargo también
pienso, por ejemplo en las personas que antes ocupaban estas cajas y que eran
dos, no nada más una, la cajera y el adulto mayor (antes cerillito) que
empacaba tus compras. Pienso también en el crecimiento demográfico, y en la
familia de cinco o seis miembros que podía subsistir con dignidad con estos sueldos,
que aunque no fueran muy bien pagados ya entre todos lo complementaban.
Quizá sea momento de recurrir a aquel viejo habito pernicioso
de la humanidad, pensar. Pensar para
buscar alternativas y soluciones a estas nuevas realidades que se nos plantean.
Pensar para incluir en nuestras expectativas, más que económicas, de vida, esta
“nueva normalidad” que surge y prevalece.
Oki
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