El Vitral
El cuarto estaba oscuro, pero él sabía que tenía que hacer, se levantó de aquel diván viejo y polvoso, y volteo la mirada lentamente, tomo su abrigo y salió de la casa que tanto le había albergado esa mañana, descubrió que las noches no son todas iguales, pues él encontró aquel aparador, en el que se encontraban escaparates para dama de gran abundancia capital, ahí el encontró una mujer. Ella, de cabello largo, brilloso, y negro; de piel blanca sugerente a la crema y con un aroma que él no podía disociar de las maravillas de la vida que alguna vez tuvo; ella con los ojos llenos de melancolía, pero que no negaban nunca su miserable destino, pues escuchó como se acercó lentamente él. Cayó de su mejilla aquella lágrima que tanto rodó por el rostro aterciopelado, mientras que él extendió su mano para no dejar caer aquella sensación de tristeza de la que ella se desprendía. Él la miró, recogió sus hombros y con una voz pausada, pero llena de energía le cuestion...